
Pensando demasiado… y haciendo muy poco.
Sí, lo dije.
En nombre de la “estrategia”, la “conciencia” y el “análisis profundo”, hemos empezado a romantizar la reflexión… al punto de que hoy está fagocitando la acción.
Reuniones eternas.
Ideas brillantes que nunca ven la luz.
Decisiones que se postergan esperando el momento perfecto (que nunca llega).
Nos volvimos expertos en entender… pero no necesariamente en ejecutar.
Y ojo, no se trata de dejar de pensar.
Se trata de algo mucho más incómodo: aceptar que la acción siempre implica riesgo, exposición e imperfección.
Porque la verdad es esta:
la reflexión da seguridad, la acción te pone en juego.
Y no todos están dispuestos a eso.
En un entorno que cambia rápido, el exceso de análisis no es sofisticación… es resistencia disfrazada.
Hoy, avanzar vale más que acertar.
Probar vale más que teorizar.
Ejecutar vale más que explicar.
Tal vez no necesitamos más ideas.
Necesitamos más valentía para llevarlas a cabo.
Dicen que el verdadero logro en Chile no es pagar las cuentas, sino pasar agosto sin resfriarse ni quebrarse un hueso. 😂 Algunos lo celebran como si hubieran ganado la maratón de Nueva York, pero con bufanda y guatero en mano.


